jueves, 19 de marzo de 2015

MANERAS DE HACER LAS COSAS

Os dejo un artículo de Pencho de la Cruz, en el diario local INFOLINEA de 20 de marzo de 2015...

En estos tiempos tan convulsos para todo lo que tenga que ver con la política en general, donde las viejas e inamovibles maneras de actuar empiezan a convivir junto a los intentos de inventar y desarrollar sistemas cada vez más democráticos y participativos, resulta bastante interesante los métodos y formas que Diego Conesa y su equipo han desarrollado para la consecución de la lista de la candidatura con la que presentarse a las elecciones municipales del ayuntamiento de Alhama. Diego ya ganó unas elecciones primarias para ser el secretario general de los socialistas alhameños, después y con motivo de las próximas elecciones municipales se organizaron unas elecciones primarias dentro del partido para elegir al candidato, se dieron todas la facilidades para que se presentaran candidatos, siendo Diego el único que se presentó y saliendo elegido para encabezar la candidatura del PSOE a la alcaldía de Alhama.

Hasta ahora, ese proceso es el que con mayor o menor acierto contempla el partido socialista para elegir a sus candidatos para las elecciones. Digo con mayor o menor acierto porque en algunos sitios no ha estado exento de polémica, y de algunas actuaciones discutibles, como mínimo. Pero centrándome en Alhama, y por si a alguien le puede servir de ejemplo voy a relatar el sistema que se ha seguido para la elaboración de la candidatura al completo, no sé si será mejor o peor, pero innovador sí que es.

Para empezar se programaron unas jornadas durante cuatro sábados, queda uno pendiente para, posiblemente, la próxima semana, compuestas de dos partes, por la mañana una sesión bastante interesante de aprendizaje a los posibles candidatos a concejales, con el propósito de que cuando lleguen al ayuntamiento, ya sea gobernando o en la oposición tengan una base y unos conocimientos con la que empezar a trabajar. Y por la tarde la sesión era abierta a todos los que quisieran asistir, sean o no afiliados al partido, para debatir sobre diferentes temas relacionados con Alhama, sus problemas, carencias y posibles soluciones que se le pueden dar desde la perspectiva de los socialistas.

Al final Diego como candidato elaboró una lista de militantes socialistas, de entre todos los asistentes a esas jornadas, y que mostraron su intención de formar parte de esa candidatura que en los próximos cuatro años se tienen que dedicar a trabajar para los ciudadanos de Alhama, y esa lista con esos nombres, los sometió a una votación en una asamblea convocada para eso con los afiliados y simpatizantes para determinar el puesto que cada componente iba a tener dentro de esa candidatura.

Esa fórmula de determinar la posición que cada uno iba a ocupar dentro de la lista es una apuesta muy arriesgada, que nadie le había pedido que hiciera así, pero Diego lo hizo, y por primera vez, nos guste más o menos, los socialistas de Alhama presentan una candidatura en la que pueden decir que han participado activamente en su composición final.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Días y días, y días de Honor.

Hay momentos desagradables casi todos los días...miradas o comentarios con cierto e incluso mucho desprecio. Ser concejal o responsable de un partido político en un pueblo, por muy poca "casta" que sea, hoy día, es casi un estigma.

Pero hay días, momentos, en los que todo eso se compensa sobradamente. Hay días y momentos donde el honor y el orgullo de representar al PSOE en Alhama me entusiasman, ...me hacen sentir un privilegiado. Ayer fue uno de esos días. En un sitio difícil, complicado. Era el entierro de una mujer de 90 años, Josefa Muñoz. Una socialista total, militante desde que se podía.

Aparte del enorme dolor por su pérdida de toda su familia, sentir el orgullo de tod@s ell@s por su madre/abuela/bisabuela, y escuchar las palabras de despedida de su hijo Andrés, además de reconfortarme como persona, me dan las fuerzas, el ánimo, el honor y la responsabilidad de representar a tanta buena gente y marcarme a sangre y fuego esos ideales vitales de libertad, igualdad, solidaridad y justicia social que siempre serán los ideales del PSOE.

Gracias Josefa y familia, por el día de Honor que hace llevar mucho mejor los días y días.

miércoles, 9 de abril de 2014

FORTALEZA CIUDADANA versus MIEDO SOCIAL.

En momentos de shock, de impacto por una cruel y terrible noticia muy cerca de tí, de esas que solo ves por la tele y que crees que no van contigo, ni con tu barrio ni con tu pueblo, lo más fácil, casi condición humana, es la de gritar, culpar, pensar con las tripas y pedir venganza. Sobre todo cuando te pones en la piel de los familiares y vecinos.

Incluso se busca culpabilidad entre quienes tienen la responsabilidad máxima en el control, vigilancia y seguridad ciudadana. Y mucho más si, desde un principio, esos mismos responsables quieren dar la imagen de que, gracias a su gestión, se han erradicado o minimizado los problemas de seguridad. Igual que los económicos. En fin, pensemos...como si no fuesen unidos prosperidad y menor delincuencia, exclusión social y mayor delincuencia. Como si no viéramos que, por momentos, se resquebrajan algunas costuras sociales.

Pero no, esa no es la fórmula. Ni como vecino, ni como familiar, ni por supuesto como responsable político. Se pueden entender ciertas reacciones de los familiares, incluso las iniciales de los vecinos. Pero nunca de quienes tienen mayores responsabilidades. Analizar en vez de gritar, investigar en vez de culpar, pensar con la cabeza bien fría y sobre todo confiar en la profesionalidad de todos los cuerpos y fuerzas de Seguridad del Estado (nacionales, regionales y locales). Pensar que en democracia hay pequeñas irrupciones de lava, que son el pago a mantener controlado el volcán de la libertad y seguridad, la confianza en el Estado de Derecho que nos hemos dotado.

 Por responsabilidad me callaré cosas que no me gustan, y cosas y formas de actuar que no haría como se hacen, o haría de otra forma para el caso de ser mías las responsabilidades de gobierno. Ahora, aparte de sentir empatía por el dolor y shock de los familiares, es momento de tener confianza en nuestras instituciones y convertir las amenazas en oportunidades. Convertir una amenaza, una condición humana primaria, como es el miedo, en una fortaleza. Porque es una fortaleza la confianza en las Instituciones. Es el resultado de un proceso racional donde priman las grandezas que la razón, las ideas y el espíritu social del ser humano han creado con el tiempo. Muy superiores a esos instintos primarios ya señalados que cada uno de nosotros llevamos dentro.

 No quiero, ni apoyaré, gritos, culpas, pensamientos hechos con las tripas, ni oportunismos o venganzas políticas cortoplacistas, aunque existan razones para ello. Ahora no. No voy a recordar frases ni promesas electorales. Ni respuestas plenarias. Ya llegará su momento. Ni actuaciones que buscan más la imagen que la eficacia. Por el contrario, sí quiero y pido empatía y respeto hacia los familiares, uso de la razón, responsabilidad, confianza máxima en la profesionalidad de nuestros agentes policiales y también en los políticos encargados de la seguridad: Policía Local y Equipo de Gobierno.

 Porque no quiero miedo y sí fortaleza civil, vecinal y democrática. Porque el miedo paraliza, nos hace retroceder. Y yo quiero confianza, seguridad y fortaleza para mis vecinos y mi pueblo.

lunes, 24 de marzo de 2014

El Suárez de la Transición y los padres de hoy.



Ha muerto Suárez. Una figura política española de primer orden. Por cómo fue, lo que hizo, cómo lo hizo, los medios con los que contó, y sobre todo por el momento en que lo hizo. De eso hace 35-40 años, casi 3 generaciones.
Ahora, hoy, con algunas de las personas con las que he hablado y escuchado, me dicen que Suárez y aquellos sí eran políticos de verdad, y no “la escoria” de ahora. Eso me lo dicen a la cara, a mí que también soy político, porque dedico mi tiempo extra a ejercer de concejal en la oposición y dirigir una organización política en Alhama. Sí, como cualquier humano, además de necesitar calor, me crío en sociedad, ejerzo continuamente la política, y además también ahora de forma institucional y orgánica. No soy, ni quiero ser, de los que dicen que “soy concejal, secretario general….pero yo en realidad no soy político, ni me gusta el politiqueo”.
Coincido en lo de la audacia, valentía y liderazgo de Suárez. Y lo mismo se ha dicho, decimos y dirán, a la hora de cerrar el ojo,  de Felipe, de Carrillo, Fraga, Tierno Galván y tantos otros. Cierto. Como también lo es que ejercieron la política desde el ansia y falta de libertad  –lo del ansia en la mayoría de ellos, no todos-. Cierto que buscaron consensos en momentos económicos durísimos. Que el temor y recuerdo de la guerra incivil estaba ahí. También el terror posterior y el silencio de otros 35 años, que son otras 2 generaciones y pico. Cierto.
Pero…¿Por qué esa diferente valoración política de ayer y de hoy?. ¿Por qué piensan la mayoría de mis vecinos que aquellos sí y los de ahora no?. ¿Los valores que se defendían entonces, es que eran superiores a los de ahora?. Los medios de comunicación, el periodismo, ¿era igual entonces que ahora?, y sobre todo me pregunto, la preocupación de mis vecinos  por la Res-publica, por la cosa pública, por lo de todos, por lo de puertas afuera, ¿era igual durante la transición a la de ahora?; ¿existía entonces el marco mental del “bienvenido a la república independiente de mi casa”, ese marco mental Ikea 100%  globalización, que hoy tenemos incrustados casi en el adn tras 30 intensos años de intensa lluvia neocon?.
A mí, hoy,  también me gustarían, esos consensos como los pilotados por Suárez en la Transición. A mí, que por aquél entonces, con 9 años, me disfracé en un Carnaval de Suárez-Felipe  y escribí, en un trozo de papel gris de esos de tienda de barrio : “puedo prometer y prometo 800.000 puestos de trabajo”, según me recordó el director de mi colegio D. Juan Legaz el día de mi boda.  
A mí también me gustaría que se tuviera la misma valoración ciudadana de los políticos de entonces y los de ahora. Y me gustaría que los periodistas pudieran hacer e hicieran periodismo. Pero,  en tiempos actuales tan difíciles como fueron los de entonces, lo que más me gustaría, lo que más desearía es que, mis vecinos, se manifestaran públicamente, que hicieran política, como lo hacían hace 35-40 años, casi a diario. Porque las libertades, las conquistas sociales y de derechos se consiguieron así: conquistándolas.
Desearía que miles y miles de trabajadores salieran a la calle, como entonces (nunca en la historia de España hubo tantas huelgas como en aquella época).  Y que si no lo hacen, que al menos sepan, apoyen y respeten a quienes lo hacen, porque también va en su beneficio y de la mayoría de sus vecinos. También que, al menos, escuchen y respeten a quienes les representan democráticamente en las instituciones, gente honrada material e intelectualmente, al menos en el mismo porcentaje, o más, que la media social. 
Y sobre todo me gustaría que asistieran, por cientos, a cualquier evento público: a la reunión del colegio de sus hijos, a las vecinales para los problemas del barrio, a las de sus asociaciones, a las de la comunidad de vecinos donde viven. Y también a los Plenos para los asuntos políticos del pueblo. Porque un maestro, un vecino, un presidente de la asociación o de la comunidad, y también un político, es mejor, es “más Suárez”,  cuanto más calor y más personas siente a su lado.
Hoy, con el féretro del Presidente Suárez en el Congreso, estamos con recuerdos de consensos pasados, de presentes apáticos y de incierto futuro. Como ciudadano, como vecino, como político, me resigno a admitir este marco. Quiero buscar consensos también hoy, sin la apatía presente y luchando por un futuro mejor para mis hijos.
 Para eso, quizás falten muchos Suárez de los de la Transición, y sobren muchos Conesas de los de hoy. No lo niego. Pero, me pregunto, y me gustaría reflexionar contigo: ¿puede también que falten muchos padres Conesas de los de ayer, y sobren muchos padres apáticos e “independientes puertas adentro” de los de hoy?

martes, 3 de diciembre de 2013

MENOS MIEDO Y MÁS RESPONSABILIDAD SOCIAL, A SECAS Y DE VERDAD.

Responsabilidad Social Empresarial (RSE), Responsabilidad Social Corporativa (RSC)…. Nombres pomposos y grandilocuentes, casi del tamaño de las empresas que, con cheque en mano, intentan mejorar y dar valor a la marca. La idea, el concepto, no está nada mal, aunque apenas es aplicado por multinacionales, con directivos “ad hoc”, casi tan bien pagados como sus consejeros delegados. Pero, ¿por qué existe esa necesidad de mejorar la reputación de la empresa? ¿Es que el usuario, el consumidor, el cliente, valora esta dinámica en su proceso de compra? O… ¿Es que se hace algo mal o hay problemas de conciencia por parte de la multinacional?.

Y digo multinacionales porque creo que son las que han pervertido esa propia responsabilidad. Especialmente aquellas que hablan de mercado y de competencia pero apenas la tienen en su sector. Aquellas que privatizan ganancias y socializan las pérdidas. Estoy pensando, claro está, en el mercado financiero. Pero tampoco queda lejos el energético. Porque…¿qué empresa, en estos 6 años de crisis, ha subido el precio un 60%, aparte de las eléctricas?. Muchas, la gran mayoría, ni han podido actualizar el IPC y han tenido que bajar precios. No están en un mercado competitivo, y lo que es peor, han hecho un roto democrático, por los perversos efectos que estas conductas hacen al sufrimiento, dificultades y recortes generalizados para la inmensa mayoría.

Esta es una crisis sistémica ocasionada por un acelerón sin frenos de un capitalismo sin alma, de casino, que sigue más fuerte y bravucón tras cinco años largos de penurias para la gran mayoría, y donde el capital y las rentas que genera superan por primera vez –y a toda velocidad- a las rentas del trabajo. Por eso, porque no vamos bien, y porque hay que dar respuestas socialmente responsables, creo que es hora de que las empresas que merecen tal denominación, y los ciudadanos, la sociedad en general, repiensen el concepto actual de RSC, de RSE, de Responsabilidad Social, a secas y de de verdad.

Y puedes pensar, ¿qué tiene que ver una cosa con la otra?. Intentaré explicarlo. En la actual economía de mercado capitalista, una persona, de forma individual (desgraciadamente cada vez pensamos menos como colectivo y sin conciencia de clase, y así nos va) puede influir de 2 formas. La primera como factor de producción, aportando su trabajo. Y ya hemos dicho que es la que ha perdido terreno en estos últimos años, y cada vez más y más rápido. Cada vez vale menos, se valora menos y menos se quiere pagar y valorar nuestro trabajo, el factor trabajo en el proceso de producción: y así nos va. Y la otra, como factor de consumo, de compra. Como usuario, como cliente. Y ésta sí que es potente. Pero, ¿somos socialmente responsables? ¿Pensamos cómo puede estar fabricado, dónde, por quién y lo que repercute en nuestra sociedad esa compra?, ¿o pensamos solo en el precio?. ¿Pensamos, nosotros ciudadanos, también solo en el factor precio, que es lo mismo que ocurre a quien valora el factor trabajo?. Es cierto que la competencia es brutal (repito, donde hay mercado real), pero la brutalidad llegará al canibalismo como sigamos así. La competitividad que nos dictan hoy nos esclaviza mucho más que otra cosa.

¿Qué propuestas se pueden plantear, para combatir esta degradación de las personas y del valor de su trabajo, y que a la vez se cambie el enfoque empresarial de recortar y recortar salarios y derechos laborales?.

- Las personas, Tú y yo, como factor de consumo, casi única arma que tenemos en esta sociedad mercantilizada, deberíamos ser responsables socialmente cuando compramos: sabiendo a quién compramos, dónde produce y qué aporta socialmente la empresa.

- A la empresa, que haga RS de verdad, y a secas. Que no se quede como hasta ahora, en las fotos y artículos comprados a los medios, sino a los números, a las comparativas de coste de renta del trabajo sobre el total de producción y venta. Que dé valor de RSC y RSE a todas las mejoras que aporte a sus trabajadores, aparte de los mínimos legales que van cuesta abajo y sin frenos. Que abandere este valor y no el del miedo a ser “mordido” por el mercado. Porque es lo que casi en exclusiva se utiliza, el miedo. Miedo a la pérdida de competitividad por los altos costes salariales, miedo a perderlo todo, miedo a la deslocalización, miedo, miedo, miedo.

Que dé valor a que sus beneficios son invertidos de nuevo en la empresa casi en su totalidad, justo lo contrario de lo que hacen las grandes multinacionales donde solo se busca el beneficio rápido y reparto de dividendos aún más rápido. Y que una parte de esos beneficios revierta en valorar y mejorar ese factor trabajo. Porque si así fuera, la inmensa mayoría de sus trabajadores estarían dispuestos a asumir que, en caso de ir la empresa realmente mal, de disminuir drásticamente los beneficios o incluso entrar en pérdidas, ellos estarían dispuestos a asumir la parte que les pudiera corresponder, vía reducción de esas mejoras mantenidas y mejoradas cuando los números van bien, como afortunadamente es ahora en muchos casos que tenemos en mente.

Por supuesto, habría que modificar y darle rango legal, de forma muy clara, a estos factores de la Responsabilidad Social, bajo tres pilares fundamentales:

1º) El factor trabajo, el peso de la masa salarial. Primar, incluso fiscalmente, a quien más recursos de un sector destina a mantener, mejorar y aumentar las condiciones laborales, económicas y sociales de sus trabajadores. Llevamos 30 años donde las multinacionales, cuando despiden a trabajadores, se disparan en bolsa. Y así nos ha ido y nos va.

2º) La inversión en I+D+I –que es básicamente personal asalariado cualificado-. Y que debe ser la gran fuente de competitividad. Primar a quien no despide, a quien contrata e invierte en investigadores y desarrolladores de proyectos innovadores.

3º) El respeto medioambiental.

Estos y por este orden, deberían ser, desde mi punto de vista, los pilares de la medición en Responsabilidad Social. Con sus incentivos y repercusiones fiscales. Que no quede todo en una montaña de marketing a base de talonario como es en la mayoría de los casos. Sino de números, cuantificables y comparables, a través de registros públicos auditados. Y que esos datos, para aquella empresa que le sean favorables, los pueda utilizar como argumento de venta. Y los ciudadanos, vestidos de consumidores y usuarios, la utilicen como potente argumento de compra.

Por eso, me gustaría más audacia y valentía que recurso al miedo. Por eso me gustaría que se apostara, desde las personas, pero sobre todo desde la empresa, por menos recurso al miedo y por más Responsabilidad Social, a secas y de verdad.