Feliz Navidad, primo Joaquín.
Faltan unas horas para la cena de Nochebuena. Acabo de descansar un poco tras una agotadora mañana de trabajo, y mientras mis críos duermen uno a cada lado del sofá, recuerdo la acción que todos los años, a estas horas, tenía y tiene mi padre de llamar a sus amigos, los amigos de su época de emigrante en Alemania en la década de los 60. Lo mismo voy a hacer yo, intentar hacer unas llamadas y enviar unos correos –nueva herramienta electrónica- a aquellos que especialmente se lo merecen, y apenas tienes tiempo de hacerlo o hablar con ellos durante el resto del año. Pero este año, este principio de Navidad, es especialmente triste y duro para buena parte de mi familia, la de mi madre, la de los Lecheros, y especialmente entre ellos la de la familia del Pelaílla. Hace poco más de un mes nos dejó su presencia física el Primo Joaquín. Un infarto se lo llevó un domingo por la mañana, el del pasado 18 de noviembre, después de desayunar con sus hijos y haber pasado fuertes dolores de forma ...